lunes, 30 de abril de 2012

Un teatro demasiado cruel

La primera parte de una saga destinada al éxito en las taquillas es una obra interesante aunque incompleta, que no termina de explotar sus posibilidades. Es una historia cruel, basada en un país en una época futura indeterminada. El gobierno del país -Capitolio- castiga a los doce distritos, todos empobrecidos, en los que se divide la nación por una rebelión ocurrida hace años. Ese castigos son los juegos del hambre, un dantesco espectáculo televisivo en el que participan un chico y una chica (de entre 12 y 18 años) de cada distrito seleccionados al azar. Deben matarse entre ellos hasta que solo quede un superviviente. Una despiadada trama basada en el libro de Suzanne Collins que de inicio descarta a los más sensibles, cosa que no se ha visto reflejada en sus impresionantes cifras de taquilla, sobre todo en Estados Unidos, y a los que rechazan la ciencia ficción.

Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) es una chica del distrito doce, el más pobre de todos, que se presenta voluntaria cuando en el sorteo aparece el nombre de su hermana pequeña. Peeta Mellark (Josh Hutcherson) es el chico designado del mismo distrito y que está secretamente enamorado de Katniss, a la que a su vez le gusta Gale (Liam Hemsworth), que apenas aparece en escena pero tendrá protagonismo en las siguientes peliculas. Un triángulo amoroso que le ha hecho ser comparada con Crepúsculo, con la que poco más tiene que ver.

Esta historia tan compleja es presentada en la película con demasiada lentitud. Hasta que empiezan los juegos del hambre el filme es aburrido y enredado pese al buen hacer de los actores, sobre todo de Jennifer Lawrence, cuya interpretación sostiene a la pelicula. Con la llegada a la lujosa capital adquiere más consistencia, aunque los ridículos vestidos ¿futuristas? de los ciudadanos no ayuda. La tensión y la acción que se le presupone al guión se inician con los juegos del hambre, pese a que siguen presentes escenas ridículas como el disfraz de piedra de Peeta y otras muy poco conseguidas o mal explicadas como el incendio o la aparición de los lobos. No ayuda la decisión del director, Gary Ross, de usar en demasiadas ocasiones la técnica de la cámara en mano. La consecuencia es un montaje caótico y desesperante, que provoca dolor de cabeza.

La crítica social, el apartado más interesante, es el que menos se explota. Quizás porque es en la segunda parte en la que se ahonda en esta cuestión. Hay un mensaje muy jugoso a la sociedad actual en lo que a la dependencia de la televisión y de los reality shows se refiere. ¿Hasta qué punto debe satisfacer la televisión la demanda del espectador? Hoy en día gustan el 'edreddoning' y los cotilleos, y la pelicula nos sitúa en un panorama, el de la muerte de 23 menores de 18 años, que nunca se alcanzará, pero no deja de ser un mensaje crítico y bien lanzado. Recuerda al de Wall-E, que diseña un futuro en el que las personas se desplazan sentadas, sin hacer el más mínimo esfuerzo. Katniss y Peeta saben moldear su relación para entregar a los telespectadores lo que quieren. Leyeron correctamente la situación y se aprovecharon de ello para sobrevivir. El previsible aunque emocionante final, y sus posibilidades de mejora, le dan a la pelicula un aprobado justo.

lunes, 23 de abril de 2012

Media obra maestra


Pocas películas te dejan con un sabor agridulce tan extremo. 'No es país para viejos' tiene una parte de obra maestra, y otra de desconcierto y aburrimiento. Anton Chigurh, el personaje que borda Javier Bardem, es un asesino que va detrás de un cazador que se encuentra por casualidad con dos millones de dólares. Fue en intercambio entre contrabandistas que se cerró mal. Tanto que no sobrevivió nadie. Todo lo que rodea a Chigurh y a Llewelyn Moss (el cazador), en especial la primera parte de la película, es una maravilla. Todo lo que rodea al sheriff Ed Tom Bell, interpretado por Tommy Lee Jones, es puro tedio. Los hermanos Coen, aunque hayan ganado el Oscar a la mejor película, han perdido una gran oportunidad de completar una obra maestra.

Empiezan por buen camino. Una fotografía maravillosa, un guión y personajes atrayentes, y escenas memorables. En especial las de Chigurh, un asesino sin escrúpulos, capaz de jugarse la vida de un inocente a cara o cruz. Javier Bardem está impecable. Cada vez que sale en pantalla parece imposible que no vaya a matar alguien. La tensión que aporta es lo mejor de la película. Te hipnotiza, te atrae, te hace temblar de miedo. Un Oscar más que merecido. De Moss, interpretado por un sobrio Josh Brolin, destaca su resistencia, su capacidad para huir de las emboscadas, para encontrar caminos cuando parece que lo tiene todo perdido, para improvisar.

El tercer pilar de la película es el que flojea. Flojea tanto que da hasta rabia. Los Coen no consiguen cohesionar al sheriff Bell con los otros dos protagonistas. Su discurso no concuerda con el emocionante silencio que reina en el resto de la película. Es incomprensible, pues además en la novela en la que está basada la película este personaje tiene mucha más relevancia. Y termina de estropear el final con un monólogo que no encaja. Un final ya deteriorado previamente con el desenlace inexplicable, además de muy mal narrado, de Chigurh y Moss. Después de tenerte atrapado en tu butaca durante más de una hora, te levantas con una sensación amarga.

martes, 17 de abril de 2012

Se trata de vivir con alegría

Phillipe (François Cluzet), un aristócrata que quedó parapléjico por un accidente de parapente, contrata como asistente a Driss (Omar Sy), un pequeño delincuente de raza negra. El aventurero que Phillipe llevaba dentro le hace rechazar las opiniones de sus allegados y acepta el riesgo de que le cuide una persona sin preparación y con los precedentes suficientes como para robarle. Pero él quiere vivir una aventura desde su silla de ruedas. De una casualidad (Driss fue a la entrevista de trabajo solo para seguir cobrando el paro) surge una maravillosa historia.

Entretenida, una de las premisas que se le pide a toda película, cariñosa, graciosa y, sobre todo, optimista. Llena de vida, te reconcilia con el mundo que te rodea. Dos personas procedentes de ambientes opuestos conectan desde el primer momento por pequeños resquicios de su personalidad que no se corresponden con los arquetipos de su situación social. Mientras Phillipe tiene corazón aventurero, Driss tiene corazón. Y los dos mucho sentido del humor, y del negro.


Gracias a la genial interpretación de sus actores, los personajes se compenetran y se completan a la perfección. Dinero, monotonía, estabilidad... lo que le sobra a uno le falta al otro. La fotografía y la intensa escena inicial te meten rápido en la película. El guión, la interpretación, las risas, los sentimientos y la música te arrastran durante la misma. El aroma de la película se resume en la escena en la que Phillipe aumenta la velocidad de su silla de ruedas, Driss se sube y adelantan a dos paseantes. Una tragedia humana, un accidente que te rompe las piernas y la vida, convertido en comedia.

Mientras se exaltan las risas, por el drama los directores (Eric Toledano y Olivier Nakache) pasan de puntillas. Lo justo para resaltar el pasado repleto de desgracias de los dos personajes, lo que facilita aún más su conexión. La adversidad conmueve, pero no se explota lo suficiente. Porque su mensaje es que hay que vivir con alegría.