Una aventura de cine
domingo, 5 de agosto de 2012
Una red que atrapa
La Red Social no es solo una película sobre la creación de Facebook. David Fincher y Aaron Sorkin toman ese elemento como base para analizar el cambio en las relaciones personales de toda una generación. Un cambio que queda patente en la escena inicial y la última, que tiene como protagonistas a los mismos personajes. En la primera Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) y Erica Albright (Rooney Mara) tienen una charla en un bar cara a cara con constantes cambios de tema y respuestas cortantes. Una conversación vertiginosa típica en Aaron Sorkin en la que Fincher pone de su parte con continuos cambios de plano que te hacen meterte rápidamente en la película. En la última, Mark envía una petición de amistad a su ya ex novia, que le deja tras esa conversación, y actualiza desesperado una y otra vez el Facebook esperando una respuesta. En dos horas de metraje ha contado el pasado y el futuro de las relaciones juveniles. "Vivíamos en granjas, luego vivimos en ciudades, y ahora vamos a vivir en internet", resume Sean Parker durante la película.
Dos horas en las que se trata una historia de amistad, amor y traición en la que el centro está el multimillonario más joven del mundo, Mark Zuckerberg. Es la ruptura de Erica la que provoca que Mark cree facemash.com, una web que peta la red de Harvard y le da notoriedad. Los hermanos Winklevoss (Armie Hammer), dos remeros que luego serían finalistas olímpicos en Pekín, y Divya Narendra (Max Minghella) se fijan en él para desarrollar la idea de Harvard Connection, en la que Mark se inspira para crear Facebook con el apoyo económico de su amigo Eduardo Saverin (Andrew Garfield). Más tarde aparece Sean Parker (Justin Timberlake), creador de Napster al que Mark idolatra. Su filosofía de "un millón no mola, lo que molan son mil millones de dólares" provoca la ruptura entre Mark y su único amigo Eduardo, poseedor del 30% de la compañía, que también le acaba demandando, como los Winklevoss, interpretados ambos por el mismo actor, y Divya.
Fincher acierta al tomar como base las dos demandas a las que se enfrenta Mark y mezclarlas con flashbacks en los que se trata el proceso de creación de la red social. Y utiliza, además del estupendo guión retorcido de Sorkin, las fiestas y el atrayente ambiente universitario para dar un ritmo alto al desarrollo del filme. Ayuda un impecable montaje y elección de la banda sonora que dan como resultado dos horas que pasan increíblemente rápido. Como en Zodiac, Fincher no se pone de parte de nadie, sino que relata la historia, y eso que se trata de una pelicula con dos demandas judiciales.
El único lunar de esta obra maestra es la poca aparición de Erica, un personaje fundamental en la vida de Mark y en la creación de Facebook que tiene apenas dos escenas. Se la echa en falta sobre todo porque ocupa ese pequeño rincón en el corazón de Mark, un corazón que no se deja ver en el resto de la película. Aunque es un cabrón retorcido que humilló a su novia, traicionó a su mejor y único amigo, robó una multimillonaria idea, y se la jugó a su nueva mano derecha, Fincher se las apaña para hacer que Mark caiga simpático. Puede que sea por la admiración que genera. Tiene una personalidad muy fuerte y un gran poder para tomar la iniciativa. Aunque analiza como nadie las relaciones personales, produce pena el hecho de que él no sea capaz de adaptarse a ello. Es un genio en su materia y muy ambicioso. Lo ha conseguido todo menos a la chica de la que estaba enamorado, una imperfección que le hace más humano y menos divo. Rasgos, todos ellos, que te acercan al personaje y pueden ser los culpables de que caiga simpático pese a su prepotencia.
Frases célebres de La Red Social
Erica: "Vas a ir por la vida pensando que no gustas a las chicas porque eres un friki, y yo quiero que sepas que será porque eres un gilipollas"
Mark: "Yo podría comprar el campus de Harvard, coger el Phoenix y convertirlo en mi sala de ping pong"
Mark: "Si fuérais los inventores de Facebook, habríais inventado Facebook"
Mark: "Situación sentimental, me interesa, eso es lo que mueve la vida universitaria. ¿Tienes sexo con alguien o no? Es por lo que la gente va a ciertas clases, se sienta donde se sienta y hace lo que hace. En esencia en eso va a consistir the facebook. La gente se ahorrará toda esa parafernalia. Existe la posibilidad de que realmente puedan echar un polvo, conocer a una chica"
Mark: "Ellos me enseñaron una idea y la mía era mejor"
Erica: "Escribes tus chorradas denigrantes desde la sombra porque eso es lo que hace la gente frustrada hoy en día. Fui buena contigo, no me castigues por ello". Seguidamente Mark se va y le dice a Eduardo: "Tenemos que expandirnos a Yale y Columbia"
Abogada: "En Bosnia no tienen carreteras pero tienen Facebook"
Mark: "Los Winkleboss no me demandan por robo de propiedad intelectual, me demandan porque por primera vez en la vida las cosas les salen al revés de como suponían"
Eduardo: "Tú no hundiste a las discográficas, ganaron ellas". Sean: "En los tribunales, ¿quieres comprar una tienda de discos Eduardo?"
Sean: "Poner anuncios sería como montar una superfiesta en el campus y que os obligaran a acabar a las once"
Sean: "Un millón no mola, ¿sabéis lo que mola?, mil millones de dólares"
Sean: "Tienen miedo de mí, chaval, y van a tener miedo de ti. Los inversores solo quieren decir 'buena idea nene, ahora ya nos encargamos los adultos'. Pero no esta vez, éste es nuestro momento, esta vez vas a soltarles una tarjeta que dice: 'yo soy el presi, mamón', eso es lo que quiero para ti"
Eduardo: "Yo era tu único amigo, tenías uno solo"
Eduardo: "Apuesto a lo que más te jodió fue que me identificaran como co-creador de facebook, cosa que soy"
Eduardo: "Me gusta estar a tu lado Sean, hace que parezca un tío duro"
Sean: "Vivíamos en granjas, luego vivimos en ciudades, y ahora vamos a vivir en internet"
Abogada: "No eres un gilipollas Mark, aunque te esfuerces para serlo"
lunes, 7 de mayo de 2012
Todos llevamos un Supertramp dentro
Que levante la mano quien no ha soñado alguna vez con viajar solo, con perderse en algún lugar inhóspito, con desconectar de la civilización. En mayor o menor medida, a todos nos ha pasado alguna vez. 'Hacia rutas salvajes' cuenta la historia real de Christopher McCandless (Emile Hirsch), un joven idealista con una infancia difícil por la relación de sus padres pero acomodada por su notable situación económica que, cuando acaba la universidad con unas notas estupendas, decide viajar solo en busca de sí mismo. Un personaje con el que rápidamente conectas, en el que te ves reflejado porque, tengas la edad que tengas, en algún momento de tu vida te has planteado hacer algo parecido. Aunque seguramente no de forma tan drástica como para no dar señales de vida a tus seres queridos en dos años o cazar animales para comer.
Quizás sea porque cuando McCandless decide partir sin previo aviso su único ser querido es su hermana pequeña, con la que compartió la destructiva relación de sus padres, ricos y materialistas, infelices, superficiales, unos eslabones más de la sociedad corrompida que él tanto odia. Son lo opuesto al chico, un devorador de libros, sin miedo a nada, que en su afán por encontrar la libertad más auténtica no muestra el menor resquicio de amor. En su viaje hasta Alaska se encuentra con personajes hacia los que sí muestra cariño. De hecho, a ellos sí les considera su familia, las personas a las que más afecto muestra aunque algunos sean delincuentes. Es que ellos, al contrario que sus padres, son auténticos, naturales, no llevan envoltorio. Como él. Y todos los personajes son muy bien interpretados. Todos, desde el entrañable abuelo Ron Franz (Hal Holbrook) a la joven Tracy (Kristen Stewart) hasta su madre “artificial” (Catherine Keener). Sin olvidarnos de sus padres (William Hurt y Marcia Gay Harden), a los que les basta una mirada para reflejar el sufrimiento al que les somete su hijo, que cambia de nombre -Alex Supertramp- al iniciar el viaje para evitar que le encuentren.
La historia, narrada por la hermana de Alex, está perfectamente contada por Sean Penn en su cuarta experiencia como director. Alterna escenas de los primeros meses de su viaje con los del final. Su intervención en la hipnótica actuación de Hirsch es evidente. Se nota que es el papel que nunca le dieron y siempre quiso. Pero la obra no solo la engrandecen las interpretaciones, sino también los paisajes y la banda sonora, redondas, sensacionales. Hasta las escenas de caza están bien montadas, parecen sacadas de un documental del National Geographic. Y el final es memorable. Por la espeluznante transformación física de Hirsch, su inquietante sonrisa y la moraleja, tan obvia como inevitable. Un mensaje para tener siempre presente.
Quizás sea porque cuando McCandless decide partir sin previo aviso su único ser querido es su hermana pequeña, con la que compartió la destructiva relación de sus padres, ricos y materialistas, infelices, superficiales, unos eslabones más de la sociedad corrompida que él tanto odia. Son lo opuesto al chico, un devorador de libros, sin miedo a nada, que en su afán por encontrar la libertad más auténtica no muestra el menor resquicio de amor. En su viaje hasta Alaska se encuentra con personajes hacia los que sí muestra cariño. De hecho, a ellos sí les considera su familia, las personas a las que más afecto muestra aunque algunos sean delincuentes. Es que ellos, al contrario que sus padres, son auténticos, naturales, no llevan envoltorio. Como él. Y todos los personajes son muy bien interpretados. Todos, desde el entrañable abuelo Ron Franz (Hal Holbrook) a la joven Tracy (Kristen Stewart) hasta su madre “artificial” (Catherine Keener). Sin olvidarnos de sus padres (William Hurt y Marcia Gay Harden), a los que les basta una mirada para reflejar el sufrimiento al que les somete su hijo, que cambia de nombre -Alex Supertramp- al iniciar el viaje para evitar que le encuentren.
La historia, narrada por la hermana de Alex, está perfectamente contada por Sean Penn en su cuarta experiencia como director. Alterna escenas de los primeros meses de su viaje con los del final. Su intervención en la hipnótica actuación de Hirsch es evidente. Se nota que es el papel que nunca le dieron y siempre quiso. Pero la obra no solo la engrandecen las interpretaciones, sino también los paisajes y la banda sonora, redondas, sensacionales. Hasta las escenas de caza están bien montadas, parecen sacadas de un documental del National Geographic. Y el final es memorable. Por la espeluznante transformación física de Hirsch, su inquietante sonrisa y la moraleja, tan obvia como inevitable. Un mensaje para tener siempre presente.
lunes, 30 de abril de 2012
Un teatro demasiado cruel
La primera parte de una saga destinada al éxito en las taquillas es una obra interesante aunque incompleta, que no termina de explotar sus posibilidades. Es una historia cruel, basada en un país en una época futura indeterminada. El gobierno del país -Capitolio- castiga a los doce distritos, todos empobrecidos, en los que se divide la nación por una rebelión ocurrida hace años. Ese castigos son los juegos del hambre, un dantesco espectáculo televisivo en el que participan un chico y una chica (de entre 12 y 18 años) de cada distrito seleccionados al azar. Deben matarse entre ellos hasta que solo quede un superviviente. Una despiadada trama basada en el libro de Suzanne Collins que de inicio descarta a los más sensibles, cosa que no se ha visto reflejada en sus impresionantes cifras de taquilla, sobre todo en Estados Unidos, y a los que rechazan la ciencia ficción.
Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) es una chica del distrito doce, el más pobre de todos, que se presenta voluntaria cuando en el sorteo aparece el nombre de su hermana pequeña. Peeta Mellark (Josh Hutcherson) es el chico designado del mismo distrito y que está secretamente enamorado de Katniss, a la que a su vez le gusta Gale (Liam Hemsworth), que apenas aparece en escena pero tendrá protagonismo en las siguientes peliculas. Un triángulo amoroso que le ha hecho ser comparada con Crepúsculo, con la que poco más tiene que ver.
Esta historia tan compleja es presentada en la película con demasiada lentitud. Hasta que empiezan los juegos del hambre el filme es aburrido y enredado pese al buen hacer de los actores, sobre todo de Jennifer Lawrence, cuya interpretación sostiene a la pelicula. Con la llegada a la lujosa capital adquiere más consistencia, aunque los ridículos vestidos ¿futuristas? de los ciudadanos no ayuda. La tensión y la acción que se le presupone al guión se inician con los juegos del hambre, pese a que siguen presentes escenas ridículas como el disfraz de piedra de Peeta y otras muy poco conseguidas o mal explicadas como el incendio o la aparición de los lobos. No ayuda la decisión del director, Gary Ross, de usar en demasiadas ocasiones la técnica de la cámara en mano. La consecuencia es un montaje caótico y desesperante, que provoca dolor de cabeza.
La crítica social, el apartado más interesante, es el que menos se explota. Quizás porque es en la segunda parte en la que se ahonda en esta cuestión. Hay un mensaje muy jugoso a la sociedad actual en lo que a la dependencia de la televisión y de los reality shows se refiere. ¿Hasta qué punto debe satisfacer la televisión la demanda del espectador? Hoy en día gustan el 'edreddoning' y los cotilleos, y la pelicula nos sitúa en un panorama, el de la muerte de 23 menores de 18 años, que nunca se alcanzará, pero no deja de ser un mensaje crítico y bien lanzado. Recuerda al de Wall-E, que diseña un futuro en el que las personas se desplazan sentadas, sin hacer el más mínimo esfuerzo. Katniss y Peeta saben moldear su relación para entregar a los telespectadores lo que quieren. Leyeron correctamente la situación y se aprovecharon de ello para sobrevivir. El previsible aunque emocionante final, y sus posibilidades de mejora, le dan a la pelicula un aprobado justo.
Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) es una chica del distrito doce, el más pobre de todos, que se presenta voluntaria cuando en el sorteo aparece el nombre de su hermana pequeña. Peeta Mellark (Josh Hutcherson) es el chico designado del mismo distrito y que está secretamente enamorado de Katniss, a la que a su vez le gusta Gale (Liam Hemsworth), que apenas aparece en escena pero tendrá protagonismo en las siguientes peliculas. Un triángulo amoroso que le ha hecho ser comparada con Crepúsculo, con la que poco más tiene que ver.
Esta historia tan compleja es presentada en la película con demasiada lentitud. Hasta que empiezan los juegos del hambre el filme es aburrido y enredado pese al buen hacer de los actores, sobre todo de Jennifer Lawrence, cuya interpretación sostiene a la pelicula. Con la llegada a la lujosa capital adquiere más consistencia, aunque los ridículos vestidos ¿futuristas? de los ciudadanos no ayuda. La tensión y la acción que se le presupone al guión se inician con los juegos del hambre, pese a que siguen presentes escenas ridículas como el disfraz de piedra de Peeta y otras muy poco conseguidas o mal explicadas como el incendio o la aparición de los lobos. No ayuda la decisión del director, Gary Ross, de usar en demasiadas ocasiones la técnica de la cámara en mano. La consecuencia es un montaje caótico y desesperante, que provoca dolor de cabeza.
La crítica social, el apartado más interesante, es el que menos se explota. Quizás porque es en la segunda parte en la que se ahonda en esta cuestión. Hay un mensaje muy jugoso a la sociedad actual en lo que a la dependencia de la televisión y de los reality shows se refiere. ¿Hasta qué punto debe satisfacer la televisión la demanda del espectador? Hoy en día gustan el 'edreddoning' y los cotilleos, y la pelicula nos sitúa en un panorama, el de la muerte de 23 menores de 18 años, que nunca se alcanzará, pero no deja de ser un mensaje crítico y bien lanzado. Recuerda al de Wall-E, que diseña un futuro en el que las personas se desplazan sentadas, sin hacer el más mínimo esfuerzo. Katniss y Peeta saben moldear su relación para entregar a los telespectadores lo que quieren. Leyeron correctamente la situación y se aprovecharon de ello para sobrevivir. El previsible aunque emocionante final, y sus posibilidades de mejora, le dan a la pelicula un aprobado justo.
lunes, 23 de abril de 2012
Media obra maestra
Pocas películas te dejan con un sabor agridulce tan extremo. 'No es país para viejos' tiene una parte de obra maestra, y otra de desconcierto y aburrimiento. Anton Chigurh, el personaje que borda Javier Bardem, es un asesino que va detrás de un cazador que se encuentra por casualidad con dos millones de dólares. Fue en intercambio entre contrabandistas que se cerró mal. Tanto que no sobrevivió nadie. Todo lo que rodea a Chigurh y a Llewelyn Moss (el cazador), en especial la primera parte de la película, es una maravilla. Todo lo que rodea al sheriff Ed Tom Bell, interpretado por Tommy Lee Jones, es puro tedio. Los hermanos Coen, aunque hayan ganado el Oscar a la mejor película, han perdido una gran oportunidad de completar una obra maestra.
Empiezan por buen camino. Una fotografía maravillosa, un guión y personajes atrayentes, y escenas memorables. En especial las de Chigurh, un asesino sin escrúpulos, capaz de jugarse la vida de un inocente a cara o cruz. Javier Bardem está impecable. Cada vez que sale en pantalla parece imposible que no vaya a matar alguien. La tensión que aporta es lo mejor de la película. Te hipnotiza, te atrae, te hace temblar de miedo. Un Oscar más que merecido. De Moss, interpretado por un sobrio Josh Brolin, destaca su resistencia, su capacidad para huir de las emboscadas, para encontrar caminos cuando parece que lo tiene todo perdido, para improvisar.
El tercer pilar de la película es el que flojea. Flojea tanto que da hasta rabia. Los Coen no consiguen cohesionar al sheriff Bell con los otros dos protagonistas. Su discurso no concuerda con el emocionante silencio que reina en el resto de la película. Es incomprensible, pues además en la novela en la que está basada la película este personaje tiene mucha más relevancia. Y termina de estropear el final con un monólogo que no encaja. Un final ya deteriorado previamente con el desenlace inexplicable, además de muy mal narrado, de Chigurh y Moss. Después de tenerte atrapado en tu butaca durante más de una hora, te levantas con una sensación amarga.
martes, 17 de abril de 2012
Se trata de vivir con alegría
Phillipe (François Cluzet), un aristócrata que quedó parapléjico por un accidente de parapente, contrata como asistente a Driss (Omar Sy), un pequeño delincuente de raza negra. El aventurero que Phillipe llevaba dentro le hace rechazar las opiniones de sus allegados y acepta el riesgo de que le cuide una persona sin preparación y con los precedentes suficientes como para robarle. Pero él quiere vivir una aventura desde su silla de ruedas. De una casualidad (Driss fue a la entrevista de trabajo solo para seguir cobrando el paro) surge una maravillosa historia.Entretenida, una de las premisas que se le pide a toda película, cariñosa, graciosa y, sobre todo, optimista. Llena de vida, te reconcilia con el mundo que te rodea. Dos personas procedentes de ambientes opuestos conectan desde el primer momento por pequeños resquicios de su personalidad que no se corresponden con los arquetipos de su situación social. Mientras Phillipe tiene corazón aventurero, Driss tiene corazón. Y los dos mucho sentido del humor, y del negro.
Gracias a la genial interpretación de sus actores, los personajes se compenetran y se completan a la perfección. Dinero, monotonía, estabilidad... lo que le sobra a uno le falta al otro. La fotografía y la intensa escena inicial te meten rápido en la película. El guión, la interpretación, las risas, los sentimientos y la música te arrastran durante la misma. El aroma de la película se resume en la escena en la que Phillipe aumenta la velocidad de su silla de ruedas, Driss se sube y adelantan a dos paseantes. Una tragedia humana, un accidente que te rompe las piernas y la vida, convertido en comedia.
Mientras se exaltan las risas, por el drama los directores (Eric Toledano y Olivier Nakache) pasan de puntillas. Lo justo para resaltar el pasado repleto de desgracias de los dos personajes, lo que facilita aún más su conexión. La adversidad conmueve, pero no se explota lo suficiente. Porque su mensaje es que hay que vivir con alegría.
Mientras se exaltan las risas, por el drama los directores (Eric Toledano y Olivier Nakache) pasan de puntillas. Lo justo para resaltar el pasado repleto de desgracias de los dos personajes, lo que facilita aún más su conexión. La adversidad conmueve, pero no se explota lo suficiente. Porque su mensaje es que hay que vivir con alegría.
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